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Mostrando entradas de 2016

Qué mueve tu corazón

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En un mundo de amistades, equipos, familias, países y vidas rotas, Tengo la inexplicable pero firme intuición de que la gente se mueve más por intereses que por valores. Y el problema de tan macabra intuición, es que me encantaría que así fuera "la gente y no yo", pero lamentablemente ni mi sombra, ni la tuya, ni la de nadie está lejos de tan repugnante naturaleza. No son "los políticos", ni "los empresarios", ni "la gente", somos nosotros. Pero, estamos condenados a vivir del lado oscuro de nuestro corazón, definitivamente no. Cuando dejamos de pensar en nosotros, cuando nuestra intención no es solo ganar, sino también contribuir y trascender, cuando nos alejamos aunque sea por un rato del ego narcisista que busca su equipo de aduladores o cuando renunciamos a nuestra visión rígida, pre-juiciosa y antojadiza del mundo, somos más humanos. Capaces de miramos a los ojos para hacer que florezcan conversaciones con alma, conversaciones que rest...

Seven Sisters Station

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Me distraje solo un segundo y mi alocada acompañante, que debía llevarme a puerto seguro desapareció como conejo de sombrero, dejándome solo en una estación  más parecida a canción de Pink Floid que a vestido de Laidy Di y de repente el inconfundible caminar Londinense, frío, elegante e impersonal, daba paso a miradas que escondían revolución industrial, lucha obrera e inmigración resignada al carrito de Kebab. El poderío del imperio tenía cara o cruz y como museo de cera se derretía en mi imaginario para hacerse más humano y más real. Dos caras tenía la moneda, como la vida misma, luces y sombra, acierto y error, valentía y temor, frió y calor. No hay princesas sin impuestos, ni victorias sin huérfanos, ni mucho menos lujos, sin desigualdad. Dear Londres, creo que te entiendo, a mi también me ha pasado alguna vez, tal vez podamos volver a ser amigos, pero solo si prometes ser auténtica esta vez... Felipe Bozzo

Lican Ray: primos, sandía y lago.

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Aparecía de imprevisto desde lo alto después de una curva y aunque yo venia esperando desde Villarica para verlo primero y gritar "lago", como símbolo de alegría por llegar a mi lugar encantado, siempre me distraía en el momento justo y alguien se me adelantaba en el grito. Pero que mas daba, de ahí en adelante todo cambiaría: desaparecía el gordo que te comía la colación y el niño que no te dejaba jugar en el recreo y aparecían maravillosos primos y primas; desaparecían las monjas que se creían profesoras y el director que no sabía escuchar y aparecían cariñosos tíos y tías junto a la más tierna de las abuelas "La Lita". Nada más llegar te cambiaban las zapatillas "North Star" cansadas de tanta ciudad y por unas unas chanclas de goma  llamadas"Condorito" o  que mas bien intentaban serlo, porque solo servían mientras tus pies se acomodaban para ir descalzos, ya que al poco andar, entre el sudor y la tierra de las calles, formaban una especie de...

Paseo de cordura inconsciente

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Pasos: lentos y simétricos, de respiración profunda y contante. De la conversación más sincera que puedes tener, desde la nostalgia del tango que vas a escuchar, que te embarca hacia un puerto del que nunca zarpar. En la cordura inconsciente que deja pensar, descubres que no hay ruta, solo espacios para andar. Es la misma, es la de siempre porque aquí no hay novedad, es la tuya, es la de todos, es solo eso, una más. Es tu vida, es la mía, una historia que contar... Abundancia, progreso, optimismo e ilusión (1910); complot, engaño, codicia y desilusión (1914); glamour, baile, lujos y pasión (1920); caída, desesperanza, hambre y dolor (1929); infamia, locura, éxtasis y distorsión (1932); desastre, horror, miseria y destrucción (1945); ingenio, esperanza, astucia e innovación; (1950); espionaje, bandos, odio y pasión (1961); resiliencia, reencuentro, confianza y razón (1989); engaños, mentiras, publicidad y promoción (2001). No hay sentido ni cordura, lo que parece no es real; no ...

Hidalgos del Siglo XXI

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Tal Don Quijote de la Mancha, de tanto leer historias, un día cualquiera me di cuenta de lo sistemático y recurrente de nuestra irracionalidad. Y no solo de la mía, sino más bien de todos quienes habitamos por algún valle del planeta tierra. Porque tú, yo o cualquier habitante de este barrio, en mayor o menor medida queremos creer que las cosas seguirán siendo como fueron, simplemente por el hecho de que siempre se hicieron así.  “Si mi padre y mi abuelo se vestían en el Corte Inglés, por qué razón no se vestirán allí también mis nietos”.  Así son miles las situaciones del día a día, en las que no nos damos cuenta (o no queremos hacerlo), que la realidad es muy diferente a como la imaginamos o como desearíamos que fuera. Y no tan solo no solo no asumimos con facilidad que el mundo cambió, también nos cuesta aceptar que nosotros mismos hemos cambiado. De cierta manera, preferimos seguir actuando en base a nuestras antiguas creencias y a nuestros anclados procesos ment...