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Mostrando entradas de diciembre, 2014

La otra cara de la moneda.

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Eros, la forma idealizad del amor en relaciones que recién comienzan; Storgé, el que crece en el tiempo, el amor de la amistad; Philia, el que se siente por la humanidad, el amor al compartir; Ágape, el desinteresado, el amor de dios.  Los antiguos griegos lo tenían claro,  no entra un concepto tan potente en una sola palabra. ¿Pero qué pasa con la otra cara de la moneda?, el miedo, para ellos Fobos, hijo de Afrodita, la diosa del amor.    Curioso que en nuestro infinitamente rico español, moldeado por Machado, tallado por Neruda y pulido por otros tantos, no tengamos esas palabras, ¿no les parece?. Pero más sorprende que tampoco las tengamos para el miedo. Al menos para mi hay varios y de distintos tipos:  "El Cobarde", que pone a latir tu corazón como si fuera una bomba que va a explotar, llena tus piernas de sangre y las deja listas para huir. Este miedo no piensa en las consecuencias, simplemente te saca volando del "campo de batalla". N...

42k de ácido láctico

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Frente a mi, Sebastian, Alemania,1,90 cms, 46 de pie, calcetas hasta las rodillas, ropa de correr sin combinar, 50 palabras de español, inglés perfecto, un plan para correr, un plan para la motivación,  un plan para la alimentación y un plan por si falla el plan. Como cuando alguien te pregunta si se puede subir al ascensor medio lleno en el que estás y contestas que sí, casi sin darte cuenta y solo por cortesía. Así comenzó todo... El malentendido se produjo porque en sus códigos culturales no existen los "medio sí", esos que en nuestra dimensión latina significan “estas loco, claro que no, pero no me atrevo a decírtelo, entonces te digo sí con voz tenue y solo para que no te sientas mal y lo entiendas como un: no gracias". Esa fue mi respuesta cuando preguntó ¿te gustaría correr un Marathon?. Pero para ellos no funciona así, si quieren algo, dicen sí, fuerte o despacio, da igual, siempre significa lo mismo. Si no lo quieren, dicen no, alto y claro. ¡Que ra...

Arroz, naranja y caracoles

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Valencia, verano de 1999, 37 grados, 95% de humedad, nuevas palabras, otros olores, raros sabores y   mi cuerpo sabe que aquí todo es extraño. Sin posibilidades de volver a mi circulo confortable, ahora nos toca andar en la incertidumbre de lo desconocido, hay que nacer desde la nada y el desafío parece esquizofrénico.  Comienzo largas caminatas intentando encontrar algo conocido y familiar. Pero aquí no hay manera, no hay historia, no hay amigos, no hay pasado, solo memoria. Tomar el control se hace imposible. No me importa, no se bien porque, pero hay algo que me atrae de todo esto. Empiezo a disfrutar el no ser nadie. Curiosa oportunidad de la vida, borrón y cuenta nueva, momento de descubrir quien eres .  Para mi todo es virgen, cada calle, cada bar, cada peseta, cada instante y en cambio para ellos todo parece tan normal. Empiezo a pensar que en Valencia no hay sorpresas, la paella y las naranjas siempre están buenas y parece que el sol que nunca se can...

El atardecer de la burbuja

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A veces lo mejor que te puede pasar es recibir un ladrillo en la cabeza. Te rompe, te derrumba, te aniquila, te destruye, te hunde, te desarma. Te despierta, te espabila, te enciende, te limpia, te ilumina, te levanta. Pero para que explote tu burbuja, necesitas una y la tienes que construir tú, con la ayuda de tus aduladores y la colaboración de los que callan.  Crearla, no es como inflar un globo a bocanadas de dióxido de carbono, ¡claro que no!, es un trabajo inconsciente pero sutil, constante y progresivo, hasta que alcances tu esfera perfecta. En la medida que crece se hace más frágil e inestable, pero mientras siga entera, es tenue, transparente y hermosa, para que no notes que estás dentro; hermosa, suave y venenosa, para distorsionar todo lo que miras a través de ella; te aturde, te enloquece, te emborracha, para que creas que todo es cierto. Y aunque por física de la vida, es solo cosa de tiempo que explote, hará que tú no lo notes sino hasta que se encuentre con el prim...

Llamado del corazón

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A veces parece que todo va bien, al menos para los ojos de los demás, tienes un buen trabajo y estas haciendo una buena carrera. Cualquier ser racional diría que deberías seguir por el camino que vas. "Termina esta carrera aunque no te guste, ya verás que útil será en tu vida"; "no puedes dejar este trabajo, es una empresa de mucho prestigio"; "no puedes hacer siempre lo que quieres, eso es inmadurez" y otras frases del estilo alimentan los argumentos de los sensatos que no siempre cuentan que detrás de sus argumentos se esconden sus intereses. Pero tu insatisfacción, esa que parece capricho de inmadurez, sigue ahí, como una música punzante, de intensidad baja pero de ritmo constante y cada vez que entra el silencio o para el ruido de tu insatisfactorio status quo, la puedes oír y late intensa hasta que ya no la puedes ignorar porque emerge como voz de angustia que grita por un cambio. Algunos la llaman intuición, otros presentimiento, para mi son los d...

Cambiar de mundo

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Dicen por ahí que viajar es como cambiar de mundo. Cambia tu entorno, cambias tú y si pasas demasiado tiempo fuera, cuando vuelves ya no te reconoces. Creo que eso es lo que me ha pasado cada vez que me lanzo a la aventura. Aunque la verdad no siempre ha sido necesario desplazarme para viajar. Una vez, el mundo que me rodeaba cambio tan radicalmente, que me hizo viajar sin que yo me moviera. Muchos de esos cambios provenían de mi, ya que recién comenzaba mi adolescencia y otros tantos de las circunstancias que en 1991 estuvieron tan perfectamente alineadas que parecían poder mirar hasta el otro lado a través de los agujeros de un queso gruyer. Acostumbrado a los éxitos deportivos de nuestros vecinos y a nuestros eternos infortunios. Lo normal hubiese sido perder, pero ese año algo era diferente, también en el fútbol.  Al menos por un instante (y nunca más), nos disfrazamos de nuestros vecinos, pasamos a la final y ganamos. No lo hicimos como ellos, ganándole la final al que te ...