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Mostrando entradas de agosto, 2015

Piloto de laberintos

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Hay momentos en que el retrovisor está lleno de gotas y los caminos se hacen poco visibles. Y cuando estás ahí, solo, perdido, triste o indeciso, tienes que recordar que aunque no veas el rumbo, todo laberinto tiene su salida. Tienes que confíar en que de alguna forma las gotas cobraran sentido y aunque ahora no seas capaz de verlo, creer que por lógica de la vida, tarde temprano las cartas volverán a jugar a tu favor. Viajero, para encontrar la ruta, a veces hay que saber perderse. Las heridas del camino cobrarán sentido al mirar por el retrovisor. Si tomas el timón, reencuentras tu esencia de piloto, sacas a la luz la receta de tu mejor versión, levantas la mirada y vuelves a darle gasolina, de alguna forma podrás pegarte a una pared de tu laberinto y seguir la ruta hasta encontrar la salida. Humano, cercano y humilde, experto en caídas y levantadas, tendrás el poder de conectar con más viajeros de este planeta. Felipe Bozzo

Buscando en Polonia

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Gino, mi compañero de viaje, opta por el silencio. “Qué más da la temperatura, si siempre está nevando”, pienso mientras tanto. El día de invierno  se escapa antes de lo esperado y no conozco la temperatura porque el termómetro del auto no sube los cero grados. Nunca sentí algo parecido, este clima y la solitaria carretera  nocturna se transforman en la más tensa de las aventuras. Huellas de otros vehículos  aparecen de vez en cuando y el limpiaparabrisas parece estar cansado de tanto sacudir.  No hay señal y miedos andan por el camino, al tiempo que, la  borrosa ruta se transforma inesperadamente en nuestro frágil cordón umbilical.  Cuatro horas después  lo conseguimos y Poznan nos recibe con un plato de Pierogis calientes. Sebastián gira y dice, “estamos perdidos debemos volver”.  Pero  el bosque no es como el de Chile, aquí todos los arboles son iguales. Corremos  por el borde del lago y la conversación nos lleva más allá de lo prud...

La exposición de cuarto básico.

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Manitos al sudor, corazón a las costillas y mejillas al vino tinto. Mente que hace eco y palabras extraviadas.  Segundos que se demoran, oídos que silban y ojos que se expanden. De la nada escuchas una frase y eres tú mimo quien te habla: "Te lo dije, ni lo intentes. Escápate al baño, di que estás enfermo, pero tú no me hiciste caso y aquí estás, lo olvidaste todo y ahora estás perdido". Con un grito en silencio te contestas: "¡Te dije que esta exposición era importante y justo ahora se te ocurre quedarte en blanco!"  Compañeritos intentan moverte desde lejos con las cejas, pero no funciona y pierden la paciencia. Agrandas sus caras y te haces pequeño, tan pequeño y ellos cada vez más grandes.  Empiezas o mas bien solo lo intentas, porque cuando lanzas tus primeras palabras descubres que tu voz se atoro en la garganta y no sale. Tu silencio se hace burla y la risa alza el volumen. Quieres llorar, pero decides tragas lagrimas  que saben a resfrío de niño....